Tras dejar atrás su etapa escolar, Ana Shirley permanece en Avonlea y acepta un puesto como maestra en la escuela del pueblo. Aunque ha crecido, conserva la imaginación, el entusiasmo y la sensibilidad que la caracterizan. Mientras afronta las responsabilidades de la vida adulta, Ana descubre que enseñar implica mucho más que impartir lecciones: significa inspirar, comprender y acompañar a sus alumnos.
Junto a Marilla en Tejas Verdes, participa activamente en la vida de la comunidad, donde vive divertidas aventuras, conoce nuevos personajes y fortalece los lazos con viejos amigos, como Diana Barry y Gilbert Blythe. También abre su corazón a niños necesitados y aprende que la madurez no consiste en abandonar los sueños, sino en encontrar nuevas formas de vivirlos.
Con su mezcla de humor, ternura y sabiduría, Ana, la de Avonlea retrata el paso de la juventud a la adultez, celebrando la amistad, la vocación, la solidaridad y el sentido de pertenencia. Esta entrañable continuación amplía el universo de Anne Shirley y reafirma el encanto de la vida cotidiana en la Isla del Príncipe Eduardo.